martes, 24 de abril de 2007






Patriotismo forzado






Por Ximena del Pilar Alarcón Sandoval.





No me seducen los fugaces fervores chilensis. No me convence que la “chilena” vencedora del Pulitzer haya recurrido a sus raíces latinas para cifrar su historia ganadora. Mucho menos soporto la idea de que Andrea Elliott se sienta tan chilena como ha manifestado identificarse tras su victoria en Estados Unidos.


No pretendo ocultarlo. Hace dos horas ignoraba la identidad de la compatriota estrella. Y ahora que algo sé de ella, no concibo tal importe de revuelo con respecto a su procedencia. La periodista ganadora del Pulitzer ha consumado la mayor parte de su vida y labores en el extranjero y sólo su cosanguinidad materna la atan a nuestro país.


Según la efímeramente popular, Elliot –no olvidemos que Chile tiene memoria a corto plazo- ser hija de inmigrante le permitió advertir el escenario que afrontaban el cabecilla y los componentes de una mezquita de Brooklyn tras el 11 de septiembre, y así pudo constituir un reportaje más irrefutable y valedero.


Pero si examinamos esta situación desde un prisma elocuente y objetivo, claro es que los medios de comunicación se han aprovechado de una conquista personal y ajena a toda nacionalidad para encumbrar, glorificar, enaltecer y alzar un sentimiento nacionalista que sólo reafirma la idea de un equívoco patriotismo forzado. Tal conmoción pretende forjarnos como pedantes chilenos poseedores de un galardón ajeno y nos emborracha de una alegría absurda y foránea.

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